jueves, 30 de octubre de 2014

EL MONOLITO DEL CAMPO DE LOS ALMENDROS RESTAURADO.



                            El monolito limpio de pintadas y con la placa puesta por el Ayuntamiento.

El pasado sábado 25 de octubre de 2014, con asistencia de miembros de la Comisión Cívica para la recuperación de la Memoria Histórica y del concejal Adrián Santos por parte del Ayuntamiento, que ha colocado la placa conmemorativa, se procedió a reinaugurar el monolito que en el pasado junio había sido cubierto de pintadas fascistas, que ahora han sido borradas.
No se puede poner vallas a la Historia. Así que el monolito seguirá en pie y será debidamente restaurado y limpiado cuantas veces sea mancillado por esos salvajes antediluvianos. El tiempo pasa, para bien y para mal, y no hay manera de detenerlo.
A ver si aprenden.

martes, 28 de octubre de 2014

NUESTRO TRÁGICO MEDITERRÁNEO.


                                   El heroico capitán Archibald Dickson, del Stanbrook.


El tema de ayer, en la Tertulia Literaria de la Bodega Adolfo era "Mediterráneo", y esto fue lo que yo escribí:

MEDITERRÁNEO.
Pepito amaba el mar. Había nacido a orillas del Mediterráneo, en el Arrabal Roig de Alicante, barrio marinero y pescador sobre un acantilado fortificado que se yergue entre el antiguo espolón del Portal Nou y la Ermita de la Virgen del “Socós”. Le fascinaban las historias de piratas que le contaba su abuelo; no de piratas del Caribe, como los de las películas americanas, sino de piratas berberiscos y de un pueblo industrioso y valiente que se defendía de sus ataques en las viejas torres de la huerta. El Mediterráneo es un mar habitualmente sereno y transparente cuyas ondas suelen morir con languidez en las orillas arenosas de la Playa del Postiguet; aunque a veces se enfadaba y golpeaba con furia los contrafuertes del vecino puerto, y sus olas, crecidas y salvajes, saltaban por encima de los muros, encogiendo el ánimo. Desde la casa de su abuelo, junto a la vieja ermita templaria, Pepito había podido sobrecogerse contemplando espantosas tormentas de rayos y truenos que flagelaban al mar embravecido; y hasta una vez observó, paralizado, cómo una gigantesca trompa gris, que sorbía el agua espumosa, perseguía a un pobre balandro que, con las velas desgarradas, trataba de ponerse a buen recaudo más acá de la bocana. Afortunadamente, las más de las veces, el mar se mostraba tranquilo y hasta sumiso, y entonces Pepito bajaba a la playa y se entretenía recogiendo conchas y pequeños cangrejos, o mirando a las viejas de luto, viudas de pescadores, que reparaban las redes y cotilleaban en valenciano.
Pero la guerra lo cambió todo, y Alicante, pese a estar en la retaguardia, fue castigada por las bombas de los aviones fascistas. Pepito no entendía bien por qué pasaban esas cosas, y se figuraba que en los corazones de los hombres adultos también estallan tormentas, como las que azotan las costas cuando el mar se enfada.
Aquella noche, padre entró demudado en su cuarto.
-Pepito, vístete deprisa que te vienes de viaje con madre y conmigo.
-¿Vamos a ir por el mar? – preguntó el niño, ilusionado, mientras el padre suspiraba y, después, apremiaba a la madre para que terminara de preparar un sucinto equipaje. El abuelo rumiaba maldiciones en un rincón, decidido a quedarse y salvar la pobre hacienda familiar de la rapiña de los moros franquistas, los nuevos piratas berberiscos.
Poco después, todavía de noche cerrada, la corta familia cruzaba el Paseo de Gómiz, camino del puerto. Otros grupos de gente aterrada también se afanaban en su huída.
En el muelle, un viejo y solitario barco británico, de nombre Stanbrook, había tendido la pasarela. Subieron a bordo, y Pepito nunca se olvidaría de aquel capitán de ojos claros que estrechaba la mano a todos sus asustados pasajeros, y que le acarició el pelo revuelto que ocultaba su frente. Los marinos le llamaban con respeto “Master Dickson”. Al poco tiempo, cubierta y bodegas estaban llenas de gente que gemía y murmuraba, mientras otros muchos se habían quedado en tierra, sin conseguir plaza en un barco que ya iba atestado e incluso escoraba peligrosamente por exceso de carga.
Los tripulantes soltaron amarras y el buque se fue alejando del muelle con las luces apagadas. Cuando ya salían por la bocana, un estremecimiento general agitó a la multitud. “Aviones, aviones”, susurraban todos sin atreverse a alzar la voz. Y de pronto, justo a popa, estallaron varias bombas que no los alcanzaron de milagro. Ni siquiera ante tal estruendo se atrevió nadie a gritar. Parecía que todos temieran llamar la atención de los pilotos asesinos. Pepito lloraba en silencio, muy asustado; aunque después, el rítmico sonido de las máquinas y el olor a mar calmarían su ánimo.
Y tras un tiempo de incertidumbre y tensa esperanza, empezó a salir el sol.
-¿A dónde vamos, madre? – preguntó, ya tranquilizado y hasta contento de viajar por primera vez en un barco, como había soñado tantas veces.
-Vamos a la libertad – contestó la mujer, mientras una lágrima bajaba por su mejilla.

Y el Stanbrook, ya lejos de la guerra, se adentró en el Mediterráneo.     
                                                                                                        M.Á.Pérez Oca.

lunes, 20 de octubre de 2014

EL DÍA 25, DE NUEVO AL CAMPO DE LOS ALMENDROS.

Después de borrar las zafias pintadas fascistas que ensuciaron la roca que conmemora el cautiverio de los últimos republicanos en el que fue bautizado por Max Aub como "Campo de los Almendros", la Comisión Cívica para la recuperación de la Memoria Histórica invita a los alicantinos y alicantinas a una ceremonia de reinauguración en la que se colocará una placa realizada por el Ayuntamiento.
Tendrá lugar en el Campo de los Almendros el próximo sábado, día 25, a las 11,30 h.
Se prevé la participación de representantes de la Comisión Cívica y de la Corporación Municipal.
No os lo perdáis.
Os adjunto la invitación.




domingo, 19 de octubre de 2014

ASÍ TE PARTA UN RAYO.



Con todo el follón de la presentación de mi libro, se me había pasado poneros mi último escrito para la Tertulia Literaria de la Bodega Adolfo. El tema era "El Rayo" y yo escribí este cuento optimista y medieval que demuestra que no tengo arreglo. A ver qué os parece.

EL DEDO DE DIOS.
Había llovido toda la noche y el suelo de la aldea estaba embarrado y lleno de charcos. A la mañana, el Conde y sus soldados bajaron del castillo y se dirigieron al conjunto de chozas miserables habitadas por los siervos. Al llegar, los caballeros rodearon el poblado con el fin de alancear a todo el que intentase huir, mientras que la compañía de peones, con el Conde al frente, se dispuso a ocupar la plaza. El Conde, sobre su caballo negro cubierto de hierro, lucía una armadura bruñida, con relieves dorados, a juego con su empenachado casco. En su diestra brillaba una enorme y legendaria espada.
-¡Palurdos! – gritó con desprecio a los labriegos que asomaban por el dintel de sus chozas, algunos armados con piedras y palos - ¡He venido a cobraros el impuesto que me debéis; y si no me pagáis ahora mismo, hasta la última onza, os pasaré a cuchillo a todos, hombres, mujeres y niños, y arrasaré la aldea para que no quede memoria de ella!
-Señor – le replicó un anciano que hablaba en nombre de todos -. La cosecha se ha perdido por culpa del pedrisco y apenas nos queda dinero suficiente para subsistir. Si no nos perdonáis al menos una parte de la deuda, moriremos de hambre. Y no es justo que aquellos que damos el pan al mundo nos muramos por falta de pan…
Los labriegos ni siquiera tenían hoces, guadañas y picos para defenderse, pues las herramientas eran propiedad del Conde y éste las guardaba en su castillo cuando no era tiempo de labor. También era el dueño del molino y de los silos del trigo y la harina.
-¡Yo soy vuestro amo por la gracia de Dios y solo Él puede negar mis derechos! – gritó el Conde enfurecido, mientras se volvía hacia sus hombres.
-¡Desenvainad las espadas y alzad las lanzas, para que estos asnos sepan lo que les espera si no cumplen con sus obligaciones!
El cielo se había oscurecido de nuevo y unos negros nubarrones se retorcían en lo alto, amenazando con una inminente tormenta o, al menos, con el desenlace de una tragedia.
Los soldados alzaron sus espadas, siguiendo el ejemplo del Conde. Sus armaduras brillaban contra el cielo gris, cubiertas por delgados hilillos de agua, y un peculiar olor metálico, áspero y dulzón, se enseñoreó del aire. En lo alto de algunas espadas y lanzas se insinuaban inciertos resplandores de tonos verdosos…
Y entonces cayó un rayo tremendo y cegador, acompañado de su trueno. Fue un extraño meteoro múltiple, como un enorme y selectivo látigo de mil colas, que se posaban en las puntas de las espadas y las lanzas, aniquilando de un golpe a todo el ejército condal. Hombres y caballos cayeron fulminados, cocidos dentro de sus armaduras, mientras un desagradable tufo a carne y vísceras carbonizadas se extendía por el entorno.
Los campesinos se tentaban el cuerpo y se miraban unos a otros, incrédulos y maravillados. Ni uno solo de ellos había sido siquiera rozado por las centellas.
La renegrida calavera del Conde, con sus mandíbulas desencajadas, se podía ver a través del hueco de la visera de su casco, parcialmente fundido y deformado.
-¡Ha sido el dedo de Dios! –gritaba entusiasmado el nieto del viejo, que iba para fraile – Pues solo Él puede haber ordenado al rayo que mate a unos y respete a otros.
El viejo sonrió al muchacho, con mirada socarrona.
-A mi abuelo lo mató un rayo que le entró por un pico que llevaba al hombro. Has de saber, querido nieto, que los rayos suelen ser atraídos por los objetos metálicos de forma puntiaguda… Pero dejemos que todos crean que ha sido obra de Dios. Así el Rey pensará que ha recibido una advertencia divina para que los nobles de su reino sean más considerados con los siervos.
Y el chico bajó la cabeza y pensó que, de todos modos, algo habría tenido que ver Dios en todo aquello.

Sobre el peto chamuscado del Conde, un crucifijo de oro se había fundido y convertido en hilillos brillantes que se confundían con la lluvia.                
           Miguel Ángel Pérez Oca.

viernes, 17 de octubre de 2014

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "ALICANTE, BIOGRAFÍA DE UNA CIUDAD".




Ayer, día 16 de octubre de 2014, tuvo lugar la presentación de mi libro "ALICANTE, BIOGRAFÍA DE UNA CIUDAD" en el Club Información de Alicante. Fue todo un éxito. El gran salón de unas 200 plazas estaba casi lleno. Y Fernando Linde, el librero de "80 Mundos", se quedó muy contento después de vender más de 100 ejemplares. Hoy llevo todo el día recibiendo felicitaciones y pienso que a veces vale la pena luchar por conseguir algo y, encima, que el resultado sea todavía mejor que lo que nos habíamos propuesto.
Os quiero a todos y todas.
Miguel Ángel Pérez Oca.

P.D. gracias a Pepe Tévar por las fotos.

miércoles, 15 de octubre de 2014

¡MAÑANA ES LA PRESENTACIÓN DE MI LIBRO!

 Portada.

 El libro.

Artículo en el Diario Información del domingo 12-10-2014.

Después de dos años de desvelos, mañana, jueves 16 de octubre de 2014, a las 20 horas, en el Club Información de Alicante, presento al fin mi libro "ALICANTE. BIOGRAFÍA DE UNA CIUDAD". Me lo presentarán la periodista Lola Torrent, el presidente de "Alicante Vivo" Alfredo Campello y el cantautor, poeta, autor teatral, músico y buen amigo Adolfo Celdrán.
Afortunadamente para el libro, y a pesar de que la crisis ha impedido a los estamentos oficiales alicantinos participar en su publicación y, sobre todo, tras la tristeza que me deparó tal fracaso, pude encontrar un estupendo editor en Madrid, Miguel Tébar, de Editorial Temporae, que me ha hecho una edición verdaderamente notable por su formato, sus muchas ilustraciones, su magnífica presencia, buena distribución y precio muy asequible (15,90 €). Nunca se lo agradeceré bastante; como nunca agradeceré bastante a Alfredo Campello que me aconsejase ponerme en contacto con él. Al final, el libro ha salido ganando en calidad y su publicación ha resultado ser una emocionante aventura. 
Desde que en 1863, o sea hace 151 años, Nicasio Camilo Jover publicó su Reseña Histórica de la Ciudad de Alicante, no se ofrecía a los alicantinos un libro de divulgación histórica de estas características, que facilitara al lector, de forma amena y completa, la historia de su ciudad. Mis objetivos, al escribir esta obra, han sido el rigor, la amenidad y el compromiso ético, en un momento como este en el que se cierra una etapa histórica en nuestro país y comienza un tiempo nuevo ante el cual es conveniente hacer una reflexión sobre nuestros orígenes, de donde venimos y a donde queremos ir. De ahí, me parece a mí, la oportunidad de su publicación. Pero serán sus lectores los que habrán de juzgarla.
En la presentación habrá un puesto de venta de la librería "80 Mundos", por si alguien quiere comprar el libro allí mismo y que se lo firme.
Espero con ilusión que vengan todos mis amigos a acompañarme en esta ocasión tan importante para mí.
En fin, bien está lo que bien acaba.
Os espero.
Miguel Ángel Pérez Oca.

viernes, 10 de octubre de 2014

LOS PREPOTENTES.


            Se creen humanos, pero no lo son del todo. En realidad son solo caricaturas de seres humanos, que delatan su condición al mostrarse desprovistos de todo rastro de solidaridad humana. Así que no deberían quejarse de que no los consideremos homo sapiens auténticos, dado que no se integran honradamente en la especie. Se creen hombres – o mujeres en algunos casos, afortunadamente pocos -, pero en realidad son una especie de mutantes que durante toda la evolución humana han intentado, y a menudo conseguido, fagocitar y parasitar a sus presuntos semejantes y víctimas. Suelen escalar los más eminentes puestos sociales. Inventaron, primero, el esclavismo y después el capitalismo, con todas sus parafernalias y sus ceremonias y prejuicios justificantes de tanto abuso y tanta injusticia. Proclamaron que algunas palabras debían escribirse con mayúscula: Dios, Patria, Honor, Majestad, Eminencia, Excelencia, Señor Presidente, Gloria, Bandera, etcétera. Se hicieron con el poder, valiéndose de artimañas, como crar el dinero o proclamarse gobernantes por la Gracia de Dios. Ahora están todavía en la cumbre y constituyen una casta donde medran los políticos, los banqueros, los líderes religiosos, los falsos artistas, los patrones de la cultura… Para acceder al poder o a la notoriedad hay que pertenecer a la Casta, hay que “estar en el ajo”. Forman parte de los consejos de administración, de los jurados y tribunales de muchos premios amañados, de los parlamentos y gobiernos, de las conferencias episcopales. Están en las alturas pero, en su afán de dominar el tiempo y el espacio, se han empeñado en lucrarse del comercio de una tecnología que ha puesto en manos del pueblo un poder insólito, el poder de la información, el poder del conocer. Han convertido en su imprudencia al mundo en una aldea global, y las comunicaciones instantáneas han abierto los oídos de la gente verdadera. Ahora ya no pueden impunemente acusar de culpable al maquinista de una locomotora averiada por la negligencia del jefazo de turno. Ahora, cuando un prepotente, devenido en Gran Jefe de la Sanidad Privatizable, tiene la desfachatez de acusar a una heroica enfermera de ser la culpable de haberse contagiado de un enfermo de Ébola repatriado, por el que ha arriesgado su vida, todos se indignan y le ven al prepotente su perfil porcino insoportable. Ahora ya no vale que los poderosos se corrompan impunemente. Y ahora parece que ha llegado de verdad la rebelión de las masas y las bases, de los verdaderos homo sapiens que aspiran a la justicia y a la equidad. Ellos todavía están en la cumbre, pero las rocas se estremecen ante los embates de la raza humana que reclama la verdadera democracia. Los prepotentes están sentenciados. Pronto serán reducidos y condenados, a su pesar, a ser gente corriente, como todos los demás. Ya no podrán seguir robando, ni utilizando tarjetas negras sin límite de gastos. Ya no podrán explotarnos y arruinarnos en nombre de la Patria o de los sacrosantos Mercados. Ya no hincharán el pecho junto al cadáver de un inocente elefante de África, donde los nativos se mueren de miseria y enfermedades. Se les caerán del nombre los atributos de Muy Honorable, Excelencia, Señor, Eminencia... y tendrán que andar por la calle, como todos nosotros, cediendo el paso a quienes van por su camino. Qué triste, el destino de los prepotentes, ¿verdad? Porque es muy duro haber pertenecido a la clase de los privilegiados y tenerse que conformar con ser como todo el mundo. Es cuestión de demostrarles, y demostrarnos, que podemos obligarlos a bajarse de su pedestal inventado. Ni siquiera necesitamos mancharnos las manos ni la conciencia con su sangre, como ellos harían con nosotros si pudieran; como ellos han hecho ya tantas veces. Nosotros sabemos ya lo que tenemos que hacer, y si sabemos, podemos. 

Miguel Ángel Pérez Oca.